El canto en la era de la información

En los últimos años he visto con interés la presencia de una corriente de difusión y divulgación, en el mundo de la voz profesional y más concretamente del canto, que a través de las poderosas herramientas de comunicación de nuestra era consiguen abrirse paso y llegar a más y más audiencia.

Debo decir que cuando comencé a estudiar e investigar sobre estos temas en los años noventa no tuve tanta suerte, los materiales eran muy escasos, por lo general en otros idiomas y difíciles de conseguir, por tanto aplaudo de pie que existan hoy por hoy tantas iniciativas que permitan a las nuevas generaciones acceder a mucha información sobre el tema que nos apasiona a los que hemos dedicado nuestra vida a la voz.

Por supuesto que toda ventaja tiene su desventaja y la abundancia no siempre significa sustancia, por tanto, así como recomiendo constantemente a mis estudiantes que se sumerjan en el fascinante mundo de la investigación, que se informen y tengan acceso a lo que se difunde, también vivo advirtiendo sobre la necesidad de contrastar y establecer criterios que permitan discernir entre aquello que les impulsa y aquello que puede más bien retrasar sus procesos.

Es imposible estar siempre al lado de los estudiantes cuando son sometidos a materiales sin contenido útil o peor aún, a estafas frontalmente hablando. Si a veces es difícil saber si han comprendido lo que uno mismo enseña, mucho más complicado es evaluar qué tipo de universo de conocimientos van configurando en sus curiosas mentes. Mi única esperanza es que herramientas como el contraste de la información, el no quedarse con una sola fuente, el pensamiento crítico, los avales del pensamiento científico (cuando es pertinente), y sobre todo el no conformarse con una explicación incomprensible, sean las tablas de salvación para sobrellevar un gremio que está lleno de gente muy buena y con bases sólidas, pero también en el que abundan los que hablan sin saber de lo que hablan.

Hay muchos ejemplos de contenidos que se manejan en esta nueva ola de divulgadores que están ayudando a los cantantes a comprender mejor su instrumento. Personas que han investigado y comprenden bastante bien el proceso de fonación están levantando su voz. Por primera vez en muchos años, en la comunidad latinoamericana he visto con mucho agrado que colegas cantantes, maestros de voz, fonoaudiólogos, se suman a la discusión y la elevan muy por encima de aquellos que piensan que el canto y la voz profesional es simplemente un ejercicio de talento y que se practica simplemente repitiendo dogmas.

El pensamiento científico está ganando terreno dentro de nuestra discusión y ya se habla de fisiología, cuando hace algunos años era un aspecto completamente ignorado. He asistido a conferencias, he visto entrevistas y leído materiales de personas respetadas de la investigación en el mundo de la voz que me han develado que el debate hoy por hoy es mucho más interesante y nutritivo. Soledad Sacheri, Marco Guzmán, Magdalena León, son ejemplos de que se puede conjugar el pensamiento científico con el canto, ya que son cantantes activos y además ejercen la terapéutica de la voz. El aporte de Silvia Pinho o de Ana Ilse Árraga, el cual no es nuevo para mi, ya que he trabajado junto a Ana Ilse por más de 15 años, es otro ejemplo de cómo se puede traducir lo que se ha aprendido en las distintas ramas del área terapéutica y ponerla al servicio de la técnica vocal. Cada uno de ellos, con sus conferencias, clases, publicaciones, eventos, entre muchos otros aportes, han elevado la discusión y nutren con su trabajo el mundo de la voz profesional. Desde aquí mi reconocimiento y mi felicitación.

Tengo concordancias y diferencias con aspectos específicos del contenido de aquellos que hacen un aporte serio para nuestra profesión, pero no se trata de estar de acuerdo con todo, se trata de que cada quien aporte un cara de la verdad, para que podamos construir un criterio y edificar así el conocimiento, a través de una discusión de altura.

Pero, cómo identificar que estamos ante un contenido inutil, vago o nocivo. Es un dilema importante en el mundo de hoy, donde el marketing, la magia audiovisual, la influencia de los divulgadores y el peso que tienen algunos representantes de ciertos puntos de vista, puede llegar a disfrazar muy bien un discurso.

Daré un ejemplo histórico por la cantidad de casos desafortunados que trajo y por lo altisonante que fue. Me refiero al famoso y tan mencionado Belting. Este término viene de Belt (cinturón) y se refiere al trabajo que se hace en el cuello para evitar el mecanismo natural de la laringe al subir al registro agudo, realizando tensión muscular con el objeto de lograr más volumen. Richard Miller lo explica claramente en su libro Solutions for Singers: Tools for Performers and Teachers: “el espacio entre las cuerdas vocales y los pliegues ventriculares disminuye. Los senos ventriculares se reducen contribuyendo a la resonancia vocal. La laringe está alta y se inhibe el deslizamiento normal de los cartílagos tiroides y cricoides a medida que la afinación asciende”.

En otras palabras, hablamos de procurar volumen generando un “ahorcamiento” ensayado y sensitivamente calibrado de la zona laríngea que llevaría la sensación sonora que se da en el registro grave a la región del registro agudo. Desde mi punto de vista y sin tantos adornos, yo llamo a eso “aprender a gritar”. Por supuesto, esto no tiene nada de novedoso, sobre todo si revisamos la historia de la música popular, donde encontraremos infinidad de géneros (soul, rock, R&B, flamenco, música afrocaribeña) en los que versiones de este tipo de mecanismos aparecen constantemente y de manera espontánea. El asunto, como siempre, es que cada cuerpo reacciona diferente al estrés al que se le somete y a los esfuerzos sostenidos en el tiempo.

Mucha gente, cegada por lo “interesante y novedoso” del término y por la cantidad de personajes que se dedicaban a enseñar esta “técnica” pensaron que Belting era cantar como las estrellas del momento, se dedicaron a imitar ese tipo de sonido tenso y poderoso en el registro agudo y el resultado ha sido que muchos cantantes se han lastimado intentando la proeza. A tal punto ha llegado el tema que se habla hoy en día de un Belting bueno y uno malo. El malo es el que ha hecho daño, y el bueno es lograr el mismo resultado a través de la “voz mixta”. En cantidad de publicaciones, clases de youtube, conferencias digitales se habla de este término como la panacea para lograr agudos a alta intensidad. Como si la voz mixta fuera un gran descubrimiento que ha venido a salvar al mundo del “Belting malo”.

Para no ir mucho más lejos y citar nuevamente a Miller, en su libro The structure of singing del año 1968, ya se habla muy naturalmente de la voz mixta. Es que de hecho, esto que llaman hoy en día, en un pretencioso inglés, muchos profesores latinos “mixed voice”, se trata de lo mismo que se ha estudiado toda la vida: trabajar con un adecuado soporte respiratorio la amalgama de registros, utilizando inteligentemente el volumen y la resonancia para lograr generar sensación de potencia. Con mis palabras no trato de señalar culpables ni de satanizar a nadie, sólo quiero retratar una situación que es producto de la desinformación y del peligro que se corre al exponer a un colectivo, mostrando caminos que no necesariamente se pueden aplicar a todos los casos o que no se han transitados conscientemente y que no tienen respaldo científico.

El texto que escribo en esta ocasión pretende llamar a la reflexión para que disfrutemos de los tiempos que vivimos, en los que con un solo click podemos acceder a un mundo de aprendizaje y experiencias fantásticas. Al mismo tiempo me parece una responsabilidad advertir que no hay recetas para el uso de la voz, que el conocimiento se construye a partir de mucha investigación, trabajo, ensayo y error. No hay nada más peligroso que enlistarse en fanatismos detrás de personajes que dicen saber la única e infalible forma de llegar a un objetivo. La técnica es la manera más eficiente de conseguir resultados, no hay una sola forma, pero si una sola premisa: lograr la meta con el menor gasto energético y el mejor uso de los recursos y del tiempo.

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