La torre de babel del canto

Hace algunos días mi esposa me comentaba sobre una clase de canto a la que había asistido en la cual el profesor decía que no respiraba con los pulmones, sino con el diafragma.

También decía que no necesitaba prestar atención a la respiración cuando cantaba, porque era algo que se producía naturalmente. Estas frases le hicieron ruido a mi esposa, sobre todo por que vive con un profesor de canto que se expresa sobre esos temas de una manera muy diferente. Esto es algo muy común que sucede en nuestro entorno profesional: los cantantes no usamos la misma terminología para referirnos a los quehaceres de nuestro oficio.

Un enfoque más fisiológico como el mío refutaría inmediatamente a este colega argumentando por ejemplo que es imposible respirar sin los pulmones, ya que son el receptáculo de aire y constituyen una parte imprescindible de la función respiratoria, también argumentaría que la movilidad del diafragma no forma parte de nuestras capacidades voluntarias y que en todo caso podemos realizar movimientos en la región que ocupa, más que “respirar con el diafragma”.

De hecho ¿se puede respirar sin el diafragma? En todo caso, y por contra parte, debo decir que si hago un pequeño esfuerzo en traducir y llevar a mi terreno y a mi manera de comprender la técnica sus palabras, podría decir que estoy de acuerdo con lo que dice. Sí… por más sorprendente que parezca opino que el trasfondo de lo que decía el profesor citado por mi esposa es correcto en términos de aplicación técnica.

En el lenguaje que yo he aprendido, lo que quiso decir fue que hace una respiración costodiafragmática y que no realiza movimientos escapulares o pertenecientes a la región costal superior en su desempeño vocal. Además argumenta que no hace consciente la respiración al cantar, con lo cual también estoy de acuerdo, porque es imposible concentrarse en la interpretación si uno tiene que estar enviando órdenes conscientes a los músculos del cuerpo para que desarrollen una actividad tan compleja como el canto. Pero yo matizaría que eso sucede una vez que el individuo que pretende cantar técnicamente ha pasado por un proceso de reeducación y entrenamiento lo suficientemente efectivo como para que estas funcionalidades se den espontáneamente al cantar.

Muchos me dirán que el lenguaje que empleo es complicado y quizá hasta pedante. Pero llevo años defendiendo un punto: ¿cómo nos pondremos de acuerdo sobre los distintos y numerosos detalles del uso de un sistema biológico si no llamamos las cosas por el nombre que tienen? ¿Cómo vamos a hacer que nuestros estudiantes entiendan lo que enseñamos si la terminología no es precisa? ¿Cómo seremos ejemplo e impartiremos conocimientos que a juzgar por nuestras expresiones parecemos no comprender bien?

Es natural que un estudiante de canto, que suele ver clases con distintos profesores, tenga frecuentemente confusiones sobre técnica vocal y temas afines al funcionamiento de su voz. Que los profesores y expertos en la materia tengan opiniones diferentes sobre un tema no es el problema, el hecho de que usen términos distintos y algunos poco precisos para referirse a las mismas cosas sí lo es. La causa de esta situación, en mi opinión, la hemos generado los cantantes por no unificar nuestras conclusiones y por tener un gremio bastante desarticulado.

Por otra parte, el canto es una disciplina artística, y los que ejercen el oficio tienen más inclinación por los temas musicales, escénicos y culturales que por la investigación y el manejo del lenguaje técnico profesional. El panorama se complica cuando entra la educación en la ecuación. Los profesores de canto suelen ser cantantes de profesión, no son educadores o investigadores, no se han formado para eso. Esa podría ser una de las razones por las cuales sus explicaciones sobre cómo logran tal o cual habilidad sean en la generalidad de los casos tan difíciles de entender.

En mi opinión cuando tomamos la responsabilidad de un rol formativo, nuestra posición es diferente a la de la expresión artística. Si hemos decidido educar a otros tenemos que empezar por educarnos nosotros primero; adoptar un lenguaje que aporte claridades y disipe las dudas, lejos de promoverlas. Para que esto suceda debemos emprender la ruta de la investigación, abarcar áreas desconocidas por nosotros y aprender a expresarnos en los términos más precisos y claros posibles, para que nuestros estudiantes reciban una formación que les permita desarrollarse ágilmente y sin obstáculos.

Estas reflexiones no tienen la intención de ser un reclamo a mis colegas maestros de canto que han hecho un gran esfuerzo por entregar su tiempo a la enseñanza, lo cual tiene un valor incalculable para la sociedad. Son más bien un llamado al encuentro y la organización de un gremio que por los momentos parece carecer de estructura y que a través de los pequeños esfuerzos de muchos y quizá con mayor voluntad podría lograr que nuestro oficio se de en un tránsito menos traumático que el que hemos tenido que contar en nuestras historias la mayoría de los cantantes.

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